En Valledupar, capital del departamento del Cesar (Colombia) y ciudad ubicada en las últimas estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, como en muchos otros lugares del mundo, aparecen los Diablos del Corpus Christi. De esta manifestación cultural de Valledupar, la danza más antigua en la ciudad es posible encontrarla en el barrio Cañaguate, donde la familia Galindo ha jugado un papel central para mantener viva esta tradición, que se remonta al menos al siglo XIX, y cuya comparsa es  actualmente dirigida por Silvio Jiménez, considerado hoy el gran capitán de los diablos de Valledupar. No obstante, a parte de esta comparsa otras, entre ellas dos que emergieron de la primera: una dirigida por Salvador Corzo, quien perteneció por 25 años en el grupo de Silvio Jiménez, y otra liderada por Eladio Calderón, hijo de Antonio Calderón unos de los directores de la comparsa original.

Los Diablos danzantes del Corpus Christi de Valledupar son una de las pocas expresiones de este tipo que ha sobrevivido en la región caribe colombiana no sólo a la férrea oposición que tuvo por parte de la iglesia católica durante el siglo XIX y principios del siglo XX, sino también al mestizaje y las transformaciones que vivió la ciudad. No en vano durante los años setenta del siglo pasado Valledupar fue llamada la "sorpresa caribe", debido a su rápido y vertiginoso crecimiento gracias a la producción del algodón, llamado en ese entonces, oro blanco.

En Colombia, gracias a la Ley 51 de 1983 también conocida como ley Emiliani que pretende fortalecer el sector turístico, la celebración del Corpus Christi no se desarrolla necesariamente en la fecha indicada por la iglesia católica (octavo jueves después de la semana mayor o semana santa), sino que se traslada para el lunes siguiente, de modo que el baile de los Diablos no tiene lugar los días miércoles y jueves sino el domingo y el lunes festivo. Este cambio generó rechazo dentro de la por parte de Benito Galindo,[i] quien decidió como director de la comparsa, durante seis años, que la comparsa no saldría. Sólo después de la muerte de benito y de varias conversaciones con su esposa, fue posible continuar la danza los días domingo y lunes.

Los preparativos para la danza comienzan con varias semanas de antelación. El día anterior a la Corpus Christi, el capitán llega hasta la puerta de la iglesia de la Inmaculada Concepción y canta versos al Santísimo. Luego hace el recorrido tradicional que al siguiente día hará la procesión, realizando  paradas en los lugares de ubicación de los altares. Este recorrido lo hace acompañado por otros miembros. Al día siguiente, día de la celebración, los diablos participan en un desayuno en la casa de la familia Galindo o en la de Silvio Jiménez en el Barrio Cañaguate, y antes del toque de llamada a la primera misa (seis de la mañana) llegan al atrio de la Catedral, donde permanecen atentos y disciplinados. Terminada la eucaristía, sale una procesión encabezada por el sacerdote, quien lleva la Custodia o Santísimo y  recorre el sector aledaño al templo, acompañado por creyentes y diablos. Esta procesión se detiene en cada uno de los altares callejeros, que han sido adornados con hojas de palma, flores, imágenes religiosas. En cada altar hay una pequeña ceremonia y oración, y ante la mirada atónita de los asistentes los diablos hacen un círculo y bailan en las puntas de los pies, saltan y cruzan los pies, hacen juegos con las espuelas y los brazos, realizando cuatro rutinas de baile hacia atrás, sin darle nunca la espalda al Santísimo.

Los Diablos usualmente visten pantalón corto estilo bombacho usualmente de satín rojo, camisa roja con mangas larga y arandelas, pollera (tipo de falda corta externa sobre el pantalón) adornada con cascabeles y campanillas, medias largas rojas, zapatos con espuelas metálicas de jinete, y un peto en el pecho. No obstante, algunas comparsas visten botas. Visten también una máscara que cubre el rostro y está hecha de cartón fortificado y una delgada malla de alambre, con cachos pintados de color negro o rojo. Además de pintar ojos y nariz, los participantes atan a la malla una gran lengua de tela que llega casi hasta el pecho. Nuevas comparsas, muy posiblemente gracias a conocer otras manifestaciones en otros países, han incluido máscaras con cabezas de diablos y cuernos pegados a la máscara. En cualquier caso, la máscara está pegada a un cuero de oveja que cubre la espalda y está lleno de espejos, cintas de varios colores, e incluso imágenes de santos y vírgenes. Estos diablos llevan castañuelas ,un rabo con una campanilla en la punta, y un perrero o látigo en la mano izquierda y que utilizan para amedrentar a cualquiera que se interfiera por el camino. La danza está acompañada de caja, maracas y acordeón.

Los diablos bailan con las cucambas y los negros. Las cucambas son pájaros enviados por Dios para proteger el Santísimo, que tradicionalmente visten hojas de palma sobre el pecho y pollera. Estas persiguen al diablo con un garabato, y bailan con el diablo, pero cuando este baila a su alrededor ellas salen corriendo y éste las persigue. Se trata de un baile en que se representa una lucha entre el bien y el mal. Igualmente, los negros bailan armados con machetes simulando un combate  y como si se defendieran de las cucambas.

Al finalizar la procesión los bailarines visitan las casas que los diablos muertos anteriormente visitaban, bailan y cantan versos al Santísimo.[ii] Es importante notar que la  danza del Corpus Christi está relacionada con prácticas y tradiciones africanas de respeto a los miembros difuntos en las familias, y especialmente a aquellos que participaron como diablos dentro de las comparsas. Es por eso que al finalizar las ceremonia, las comparsas visitan el Cementerio Central de Valledupar y justo en la entrada del cementerio bailan y hacen versos acompañados de acordeón, tambor y maracas. Esta visita no sólo busca rendir homenaje a los fallecidos, sino también afianzar los lazos familiares presentando los nietos o los nuevos pequeños integrantes de la familia  a los difuntos. De hecho, desde los años 80 del siglo pasado, los niños de la familia participan en la danza debido al interés por mantener viva esta tradición.



[i] Entrevista a Carmen Magola Galindo Rodríguez, febrero de 2007. En: RAMÍREZ, Nelson y ORTIZ, Dankir. El Cañaguate cuenta su historia. Pág. 72

[ii] JIMENEZ, Silvio. Entrevista realizada por Jairo Soto Hernández en el Barrio Cañaguate, Valledupar (Cesar), julio 16 de 2010.

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