Estos diablos aparecen en las regiones de Ecuador con fuerte influencia de la cultura de los Cayambis (particularmente al norte de quito) y durante las celebraciones de lo que fuera la Fiesta del Sol también conocida como Inti Raimi (término en quechua y no en el idioma extinto de los Cayambis) o el solsticio de verano, y que luego se fusionó con la celebración del Corpus Christi así como los festejos de San Pablo, San Juan y San Pedro. Dependiendo del poblado donde la fiesta tenga lugar, ésta será vinculada principalmente con el Corpus Christi o con alguno de estos santos. No obstante, es tradicional que se celebre durante toda una semana, entre el 23 y 28 de junio aproximadamente. Esta fiesta está vinculada con la celebración y agradecimiento colectivos a la Pacchamama por las cosechas y al sol por maduración de los sembrados.

El diablo Huma, también conocido como 'diabluma', es un ser que según la tradición no fue inicialmente reconocido como diablo sino sólo como 'haya' (o 'aya'). Fue gracias al sincretismo con la tradición católica que recibió el nombre de diablo. Particularmente en las comunidades indígenas de la provincia de Pichincha y de Imbabura, el haya encarna el espíritu, la fuerza, la energía y poder tanto positivo como negativo de la naturaleza, el sol y la oscuridad del mundo subterráneo. Por su parte, el término huma significa "cabeza", en quechua. De allí que el nombre 'diablos huma' quiera decir 'cabeza de diablo', y está vinculado con la idea de dirección y gobierno. No en vano el diablo huma o haya huma es considerado como guía o consejero de la comunidad, y represente al líder y y al guerrero poderoso, poseedor de energía vital de la naturaleza.

Esta representación o encarnación de la fuerza de la naturaleza que tiene lugar dentro del rito tradicional de la danza de estos diablos, se hace expresa en el hecho de que durante tres días antes de comenzar la danza, es usual que los bailarines peregrinen hasta una cascada (paccha) y se bañen en sus frías aguas. Las cascadas según la cosmovisión quechua, son puerta que “conducen al interior de la tierra donde viven las deidades” que no sólo protegen sino también vigilan y castigan, y que están vinculadas con las “almas de los antepasados”. El sincretismo cultural evoca estas fuerzas protectoras mediante la figura del diablo. Con el baño los bailarines desarrollaban anteriormente prácticas rituales para adquirir el poder y las habilidades necesarias para combatir otros diablos, y actualmente después de la prohibición de esas luchas, ese ritual sirve para adquirir las energías suficientes para la extenuante jornada de baile. Adicionalmente, es importante notar que la peregrinación y el baño en las frías aguas es ya una prueba de valor. “Según la lógica andina, quienes no son capaces de resistir dicho baño y huyen tendrán vida corta, pero si soportan con valentía contarán con la protección de los dioses tutelares que propiciaran vida y triunfos. Sólo de esta manera un guerrero se convierte en sinchi (guerrero fuerte y poderoso).”

La máscara de los diablos huma está tradicionalmente hecha con tela azul o roja y cubre hasta la mitad del pecho. Tiene tres agujeros que corresponden a los ojos y uno a la boca del cual parece pender una lengua en tela. Las orejas y la nariz parecen asas de trapo. En la parte superior de la máscara hay tres hileras de 4 cachos o cuernos, también de trapo, que representan los meses del año. La máscara tiene dos rostros muy similares, aunque a veces de color diferente. Ambos rostro son decorados con dibujos hechos con hilos de colores. Los diablos visten una camisa de color (aunque también es usual ver camisas blancas), pantalón bombacho o un zamarra (zahón hecho con piel con su lana o pelo), y en una de sus manos lleva un largo fuete o fuste que blanden mientras caminan sin dejar de emitir silbidos, aunque nunca hablan, pues como figuras demoníacas les está prohibido. No obstante pueden tocar churos, flautas y rondínes (pequeños instrumentos músicales de viento, hechos de madera con lengüetas metálicas).

Es evidente que el diablo huma, que es representado sólo por hombres, evoca la imagen del vaquero que ordena y dirige el ganado. No en vano, a pesar de ser el animador central de la danza pues salta y brinca por todos lados con su látigo, y alza faldas de las bailarinas y empuja a los curiosos, cuida y conduce a los otros bailarines, especialmente a los Arucuchicos o Aruchicos que se detienen en cada esquina a bailar en círculos pequeños (Aru significa rueda, chico significa pequeño). Mientras los diablos representan los eventos supranaturales, los Aricuchicos representan el orden natural de la cosas. La danza finaliza cuando hay un grito de victoria de los diablos sobre los Arucuchicos.

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