En la villa de Cata, con una población aproximada de 950 personas, tiene lugar una de las más antiguas manifestaciones de las danzas de diablos en Venezuela. Junto a la carretera que entra en el pueblo están los remanentes de la misión católica Obra de pía, donde miles de esclavos fueron forzados a trabajar para la producción y exportación de chocolate y café. Según cuenta el historiador oral, muchos de sus antepasados participaron en las danzas, y que éstas ya se realizaban hacia 1617 bajo el auspicio de la misión.

Como en otras danzas de la región, el octavo miércoles después de jueves santo, un diablo solo corre a la iglesia y se arroja al piso en frente de la entrada. Al siguiente día de Corpus Christi, aproximadamente treinta bailarines se dirigen desde la casa de la cofradía hacia la iglesia cruzando la plaza central del pueblo. Ellos tradicionalmente danzan formando líneas que se cruzan y unen, variando los pasos y las coreografías durante el día. En los años 2008, 2009 y 2010, el cura párroco no estuvo presente, y en su reemplazo una cruz, una canasta de limosna y algunas velas encendidas fueron puestas justo en la entrada de la iglesia. En parejas los bailarines se acercan a la entrada y se arrodillan en un acto de promesa y oración. Una de las más antiguas formaciones en la danza es conocida como el caracol, donde los bailarines siguen uno al otros y forman una espiral al frente de la iglesia.

Hacia el medio día, los bailarines y espectadores se desplazan por la calles y visitan las casas. Allí  los diablos danzantes entran, bendicen las casas y piden por la salud y protección de los integrantes de las familia contra los malos espíritus. Una vez adentro se dirigen hacia un altar que los residentes de la casa han hecho, e improvisan bailes como señal de respecto al altar y a aquellos.

En Cata los bailarines tradicionalmente visten pantalones y capas de muchos colores y una camiseta blanca con una cruz en ella. Como en Ocumare, los detalles de las máscaras, capas, pantalones y medias varían según el gusto de cada bailarín. Sin embargo, hay elementos comunes en las máscaras. Éstas son usualmente pequeñas y coloridas, no tienen cuernos o estos son muy sutiles. Las máscaras son hechas de papel maché, cuero, tela o malla de alambre. De algunas cuelgan cintas para rendir tributo a bailarines que han muerto, y de otras cuelga un velo hecho de nailon que permite cierta transparencia. Los bailarines hacen sonar maracas y llevan látigos en sus manos, mientras los acompañan con un continuo rasgueo de las cuerdas del cuatro. En el año 2008, el cuatro fue conectado a un amplificador portátil y Francisco Pacheco, cantante reconocido, tocó el cuarto junto con unos familiares, entre ellas su sobrina, Nora Silva. El público está conformado por cientos, y la mayoría de ellos son residentes de la zona y familiares en plan de visita.

2011 Diablos de las Americas. Algunos derechos reservados.

 

Este proyecto es apoyado por:

sponsors_hemi_theme.png   sponsors_unal_theme.jpg   sponsors_tdps_theme.jpg