En el pueblo de Cabral, cerca a la ciudad de Santa Cruz de Barahona, (República Dominicana), tiene lugar el carnaval cimarrón con su más conocidos personajes, las cachúas, que aparecen desde el Sábado santo hasta el lunes siguiente. El nombre cachúa se debe a los chachos o cuernos que tienen sus máscaras hechas con papeles de muchos colores, y anteriormente hechas de vejiga, y una barba colorida. Las cachúas usualmente visten overol (o mameluco) y alas de murciélago que representan los cazadores de esclavos que, como “espíritus del mal, actúan en la oscuridad de la noche, [y también representan la noche como …] el tiempo de la insurrección, de la guerra de liberación.”[i]

Aparte de la máscaras, las cachúas llevan en su mano, atado a un palo corto, un látigo o fuete largo hecho de cabuya, similar a los empleados para arrear ganado en el campo. El látigo tiene un papel central en la celebración. De hecho, el sábado al medio día las cachúas dejan sus casas y salea a buscar civiles (aquellos que no están vestidos con máscaras pero tiene también un látigo) y a otras cachúas para darles fuetazos o para puntear (pelear a fuetazos). El domingo, las cachúas siguen buscando civiles y cachúas que fuetear. Este juego, aveces violento, captura la atención de toda la comunidad. Como Pedro Muamba Tujibikile escribió, las cachúas son una encarnación de la “tensión entre libertad y esclavitud”. Por un lado, son diablos armados con látigos y representan al esclavista y al colonizador. Por otro lado, son diablos cojuelos (cojos) que representan a aquellos abusados por el colonizador. El látigo en las manos de las cachúas y de los civiles es a la vez signo de explotación, sumisión y  resistencia. En este sentido las cachúas no sólo encarnan el espíritu demoníaco del dueño de los esclavos y representan a los esclavos rebeldes, sino que también son diablos cojuelos, diablos sufrientes heridos por los peso de las acciones de esos otros demonios u esclavos 'leales' que obtenían su libertad por capturar esclavos fugitivos y por ayudar al maestro a castigarlos.

Es en este contexto que se puede entender la acción final del día lunes después de la semana santa. Ese día, probablemente el más violento de toda la celebración, la gente quema el Jua, que representa a Judas. Como Harris indica, “quemar la efigie de Judas es cuestión peculiar a las comunidades familiarizadas con la traición de Cristo”. Sin embargo, esta acción tiene más significados en Cabral. Al quemar al Jua la gente dice “Jua, Jua, Jua, e, lo mataron por calié”.[ii] Un calié era toda aquella persona que, sin importar el grupo social al que pertenecía, había sido reclutada como informante por el Servicio de Inteligencia Militar durante la dictadura de Rafael Trujillo (1930-1961). El calié, al igual que Judas, espía a los amigos, vecinos, empleados y colegas. Esto significa que la efigie de Judas representa al colonizador blanco y al negro o mulato traidor y cómplice, no sólo durante los tiempos de esclavitud colonial sino también durante los tiempos modernos de la República. Esta es la razón por la cual Harris sostiene que el juego violento de las cachúas, en su nivel más profundo, no sólo es una “dramatización  de la violencia generada por otros sobre ellos, sino también la violencia generada por sus similares.” Por lo tanto, en el juego violento de las cachúas no sólo está presente la celebración de la libertad festiva sino también el despliegue de una trauma sin resolver. [iii]



[i] Tujibikile, Pedro Muamba. Las Cachúas. Revelación de una historia encubierta. 1. ed.. Santo Domingo: Ediciones CEPAE, 1993. 39-50

[ii] Harris, Max. Diabolic Suffering, Whips, and the Burning of Judas: Holy Week in Cabral, Dominican Republic. (Forthcomming)

[iii] Harris, Max. Diabolic Suffering, Whips, and the Burning of Judas: Holy Week in Cabral, Dominican Republic. (Forthcomming)

 

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